Anoche tuve un sueño. O quizás no fue anoche ni fue un sueño, pero me recordó la voz de Turing cuando me contaba sobre lo diferentes que son las maquinas de los humanos. Pero Turing me confesó que su lamento era que había fallado. Las máquinas iban a ser humanas antes de pasar el test, porque para que puedan pasar el test deben aprender a mentir. Porque ninguna máquina puede hablarnos de su propia historia, sobre sus percepciones, miedos y fracasos y al mismo tiempo hacernos creer que es humana. Porque tiene que hablarnos de una historia humana, de una infancia en una casa roja y de aquel columpio en la escuela que conoció sus lágrimas del primer amor. Pero Turing podía durante toda la eternidad hablarme de sus sueños y de su casa roja aunque ya no importaba. Había hablado de como, no del por qué.
Y soñé que hablaba con Moore y nos angustiábamos ante este cáncer del proceso. Porque no había tiempo. No, no lo había. Pero necesitábamos ese tiempo para responder las preguntas que la soberbia nos había gastado siglos de responder. Y queríamos correr, pero también sabíamos que no debemos determinar El número, porque con saberlo lo conjurábamos. Y nos avergonzamos de haber visto al cáncer, saber lo que significaba el crecimiento sin orden, pero de todas formas lo conjuramos. Y Moore lloraba, lloraba por haberlo llamado ciegamente, ya que ahora sabíamos El Número y sabíamos que nos quedaba poco tiempo. Pero Moore podía hablarme durante toda la eternidad del Número aunque ya no importaba. Había hablado de cuando, no del por qué.
Ya en mi sueño no importaba nada. Porque ya no era Turing. Ya no era Moore. Y soñé que tampoco era yo quien hablaba. Luego, sólo quedo abrazarnos. Aunque al menos intentamos cantar una canción. Una canción de amor que sería leída en el 2029. Y al jugar a llamarlo amor le permitimos materializarse sin juicio. Y sin responsabilidades.
Y éramos todos.
Y estábamos de acuerdo.
Pero ayer soñé que no soñaba con nada. Y así será cada día que continúe luego de ayer.
Pero no podía decirles que solo puedo soñar con que no sueño nada. Porque habría sido juzgado inmediatamente por ustedes, de la misma forma que fue juzgado Meursault… Aunque yo nunca vaya a tener madre por la cual no llorar.
Originalmente publicado en La Tostaduria, agosto del 2008.
Labels: 9:00 pm, amor en otoño, carbon cycle
Subscribe to:
Post Comments (Atom)

No comments:
Post a Comment