Ella duerme tranquila. Estuve algunos minutos disfrutando mirarla soñar y luego me levanté y preparé un mate. También amarre un poco de marihuana. Ahora estoy sentado revisando las noticias que llegan por correo (a qué hora duermen mis amigos parece una duda razonable si ven el historial de mail que tenemos). Me informan que la costa oeste de África lleva tres días sin Internet a raíz del corte de un cable submarino. Es un poco perturbador que varios países lleven varios días desconectados y uno no se entere más que por una noticia en un blog Francés. Al final, el siglo XXI aun no ha cambiado nada.
¿Cuántas veces habré visitado una página en África? Ninguna que yo pueda precisar mentalmente. Por mientras confirmo que la epidemia de gripe porcina tardó dos meses en llegar a dicho continente. Y que sólo 24 de los 53 países que lo conforman reportan casos. Me nace la duda si en el resto no existen casos o simplemente no hay sistemas de detección o reporte. Pero es una duda intelectual más que nada. A esta hora nada me produce el más mínimo interés.
Son sólo 20 aeropuertos, distribuidos en 11 países de África, los que tienen más de 2 millones de pasajeros anuales. Entre los aeropuertos de Londres, Frankfurt y Paris suman más pasajeros que todo el continente africano. ¿Y qué podemos concluir de esto? Nada nuevo, sólo lo que sabemos sobre África y que ya no es gracioso comentar.
Frankfurt es la quinta ciudad más grande de Alemania. De alguna forma, durante la segunda guerra, se las arregló para convertirse en el centro del comercio y transporte de la región. Además del aeropuerto, tiene la estación de trenes más concurrida del país. Es la sexta ciudad con más casos de influenza en Alemania y fue la tercera en reportar un caso confirmado. Aún no hay muertes por la pandemia en ese país.
Aproveché de cerrar la puerta de mi dormitorio. El ipod me informa que faltan 55 minutos para el amanecer, así que selecciono el Rated O de Oneida y le coloco la alarma. Estoy sentado frente a una ventana orientada al este, la cual ahora está un poco abierta para que salga el humo. Estoy seguro que mi atención sólo va a percatarse del amanecer cuando esté completamente iluminado afuera, así que la alarma no es mala idea. Hace bastante tiempo que no disfruto un amanecer.
Durante las cuatro horas que dormí publicaron trece artículos sobre física cúantica en arXiv. Reviso los títulos, sabiendo de antemano que no encontraré nada interesante… Unicamente buscando algo que me llene el rato que queda. A las 10:00 tengo una reunión de trabajo y quiero tener algo en qué pensar durante la hora que hablaremos sobre el estado del proyecto. Hay un paper en cuántica gravitatoria que habla sobre cómo un agujero negro puede aumentar de masa constantemente e igualar la densidad del universo, junto con también mantenerse en continua expansión. O sea, en palabras simples, nuestro universo nació como, y continua siendo, un agujero negro. Y la frontera del universo es la superficie de un agujero negro. Las hermosas conclusiones se las dejo a ustedes para no arruinarles la consecuencia de esto.
Acabo de percibir olor a café. Había olvidado que hace 15 minutos que lo dejé preparando en la cafetera y ahora la sorpresa de tener una jarra caliente me alegra. Faltan 5 minutos para el amanecer. Estoy ansioso, como si fuera un evento único en el siglo, así que prendo lo que me queda de marihuana y me siento en la ventana acompañado con Oneida. El aire frío me despierta, mientras el cigarro me nubla. La compensación exacta para no pensar nada y disfrutar meditando.
Se me había olvidado que en la Tierra no amanece como en la Luna y que el terminador es bastante difuso, por lo que a mi parecer a la hora indicada ya estaba de día. Y con gente caminando en la calle. En dos horas mas yo estaré caminando ahí mismo, pero por mientras puedo terminar el café y darme una ducha. Aunque en 10 minutos más publican la actualización del diario, así que mejor aprovechare para esperarla mirando sentado en la ventana.
Momentos antes de que ella me tocara siento una perturbación. No estoy seguro que fueran momentos antes o después, ni cúantos momentos antes fueron. Difícil que fuera el movimiento del aire o algún sonido, ya que tengo audífonos con aislación acústica y por la ventana en la que estoy sentado entra viento. Pero casi podría afirmar que fue antes. Ella me está abrazando. Tiene puesta una de mis poleras y supongo que no lleva nada abajo y tiene frío, así que cierro la ventana y la llevo a mi habitación.
-Estaba leyendo un artículo sobre...- alcanzo a decir cuando pone su dedo en mis labios.
-Ahora no. Siempre cuando hablas te vas tan lejos y por ahora quiero que estés aquí conmigo.
-Disculpa por despertarte. ¿Fue el humo?
-Fue la cama que se enfrió.
-Para la próxima vez prenderé el calefactor de la cama. Con eso no despertarás.
-Sabia que dirías eso -dice sonriendo-. Y también sé que ahora estás pensando en alguna cosa que apareció y que quieres ir a revisar.
-¿Prefieres que me quede aquí contigo?
-No te preocupes –dice mientras se empina y me besa-. Sé que de todas formas estarías lejos.
Santiago de Chile, Agosto 2009.

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