Saturday, August 22, 2009

Cuando hablas te vas tan lejos

67 minutos despierto. Son las 5:20 y hace 25 minutos que estoy levantado. En mi habitación está una chica durmiendo. En estos momentos no consigo inventarle algún nombre ni tampoco un estatus que represente nuestra relación, por lo que la llamaremos "ella".

Ella duerme tranquila. Estuve algunos minutos disfrutando mirarla soñar y luego me levanté y preparé un mate. También amarre un poco de marihuana. Ahora estoy sentado revisando las noticias que llegan por correo (a qué hora duermen mis amigos parece una duda razonable si ven el historial de mail que tenemos). Me informan que la costa oeste de África lleva tres días sin Internet a raíz del corte de un cable submarino. Es un poco perturbador que varios países lleven varios días desconectados y uno no se entere más que por una noticia en un blog Francés. Al final, el siglo XXI aun no ha cambiado nada.

¿Cuántas veces habré visitado una página en África? Ninguna que yo pueda precisar mentalmente. Por mientras confirmo que la epidemia de gripe porcina tardó dos meses en llegar a dicho continente. Y que sólo 24 de los 53 países que lo conforman reportan casos. Me nace la duda si en el resto no existen casos o simplemente no hay sistemas de detección o reporte. Pero es una duda intelectual más que nada. A esta hora nada me produce el más mínimo interés.

Son sólo 20 aeropuertos, distribuidos en 11 países de África, los que tienen más de 2 millones de pasajeros anuales. Entre los aeropuertos de Londres, Frankfurt y Paris suman más pasajeros que todo el continente africano. ¿Y qué podemos concluir de esto? Nada nuevo, sólo lo que sabemos sobre África y que ya no es gracioso comentar.

Frankfurt es la quinta ciudad más grande de Alemania. De alguna forma, durante la segunda guerra, se las arregló para convertirse en el centro del comercio y transporte de la región. Además del aeropuerto, tiene la estación de trenes más concurrida del país. Es la sexta ciudad con más casos de influenza en Alemania y fue la tercera en reportar un caso confirmado. Aún no hay muertes por la pandemia en ese país.

Aproveché de cerrar la puerta de mi dormitorio. El ipod me informa que faltan 55 minutos para el amanecer, así que selecciono el Rated O de Oneida y le coloco la alarma. Estoy sentado frente a una ventana orientada al este, la cual ahora está un poco abierta para que salga el humo. Estoy seguro que mi atención sólo va a percatarse del amanecer cuando esté completamente iluminado afuera, así que la alarma no es mala idea. Hace bastante tiempo que no disfruto un amanecer.

Durante las cuatro horas que dormí publicaron trece artículos sobre física cúantica en arXiv. Reviso los títulos, sabiendo de antemano que no encontraré nada interesante… Unicamente buscando algo que me llene el rato que queda. A las 10:00 tengo una reunión de trabajo y quiero tener algo en qué pensar durante la hora que hablaremos sobre el estado del proyecto. Hay un paper en cuántica gravitatoria que habla sobre cómo un agujero negro puede aumentar de masa constantemente e igualar la densidad del universo, junto con también mantenerse en continua expansión. O sea, en palabras simples, nuestro universo nació como, y continua siendo, un agujero negro. Y la frontera del universo es la superficie de un agujero negro. Las hermosas conclusiones se las dejo a ustedes para no arruinarles la consecuencia de esto.

Acabo de percibir olor a café. Había olvidado que hace 15 minutos que lo dejé preparando en la cafetera y ahora la sorpresa de tener una jarra caliente me alegra. Faltan 5 minutos para el amanecer. Estoy ansioso, como si fuera un evento único en el siglo, así que prendo lo que me queda de marihuana y me siento en la ventana acompañado con Oneida. El aire frío me despierta, mientras el cigarro me nubla. La compensación exacta para no pensar nada y disfrutar meditando.

Se me había olvidado que en la Tierra no amanece como en la Luna y que el terminador es bastante difuso, por lo que a mi parecer a la hora indicada ya estaba de día. Y con gente caminando en la calle. En dos horas mas yo estaré caminando ahí mismo, pero por mientras puedo terminar el café y darme una ducha. Aunque en 10 minutos más publican la actualización del diario, así que mejor aprovechare para esperarla mirando sentado en la ventana.

Momentos antes de que ella me tocara siento una perturbación. No estoy seguro que fueran momentos antes o después, ni cúantos momentos antes fueron. Difícil que fuera el movimiento del aire o algún sonido, ya que tengo audífonos con aislación acústica y por la ventana en la que estoy sentado entra viento. Pero casi podría afirmar que fue antes. Ella me está abrazando. Tiene puesta una de mis poleras y supongo que no lleva nada abajo y tiene frío, así que cierro la ventana y la llevo a mi habitación.

-Estaba leyendo un artículo sobre...- alcanzo a decir cuando pone su dedo en mis labios.

-Ahora no. Siempre cuando hablas te vas tan lejos y por ahora quiero que estés aquí conmigo.

-Disculpa por despertarte. ¿Fue el humo?

-Fue la cama que se enfrió.

-Para la próxima vez prenderé el calefactor de la cama. Con eso no despertarás.

-Sabia que dirías eso -dice sonriendo-. Y también sé que ahora estás pensando en alguna cosa que apareció y que quieres ir a revisar.

-¿Prefieres que me quede aquí contigo?

-No te preocupes –dice mientras se empina y me besa-. Sé que de todas formas estarías lejos.


Santiago de Chile, Agosto 2009.

El hombre ha leído

El hombre ha leído, o quizás solo ha escuchado al pasar, que existe un número muy grande, tan inmenso como misterioso...Algunos hacen algun gesto supersticioso mientras susurran lo abominable del número, mientras otros lo divinizan en solitarias devociones. El hombre ahora ha empezado a soñar con él. No con el número sino sueños de si mismo, viendose lleno de fe en la posibilidad de la objetiva existencia del número. Lo piensa en su hogar, durante su trabajo, en el tren y en el almuerzo. Cada día se descubre más atento a los números que le cruzan enfrente, aunque solamente se encuentra con números conocidos, caseros... simples destellos de aquel profundo número. Decide dejarlo todo, renunciar a la confortable comodidad de sus números cotidianos; el seiscientos catorce de su casa, el once cuarenta y cinco de su reloj, el doce de su mesa favorita en el bar...ni siquiera el seis dieciocho veinticuatro treinta y siete, antiguamente reconfortante como teléfono de su amada esposa, ahora es capaz de hacer algo por esa fiebre que lo acecha.

Decide emprender la búsqueda. Sin siquiera armar un bolso y solo alcanzando a tomar los billetes del tarro de azúcar de la cocina (billetes que esperaban haber comprado las siempre postergadas vacaciones en Marsella, con alguien que ya no llega a su mente cuando lo intenta recordar). Camina hacia la estación, alerta a cualquier pista que pueda acercarlo a su objetivo. Cada cara parece sospechosa de saber algo. A cada paso toma notas en su libreta de los números que lo miran desde las vitrinas. A veces se detiene y los observa en sus pequeñas existencias -señalando un precio, dando indicaciones sobre una ubicación o promocionando viajes a la costa mediterránea- pero ninguno le da alguna pista sobre el paradero del número que él busca.

Al fin llega a la estación de trenes. Lo rodean infinidad de números, todos indicando direcciones diferentes, complotando para esconder y dificultar su objetivo. Sin poder determinar en que momento avanzo la fila completa, se encuentra parado frente al boletero cuando este le pregunta sobre cuál es su destino. Pero el hombre, turbado, solo atina a balbucear nerviosamente que le dé el boleto más grande que tenga. El boletero indignado le dice que en este país todos los boletos son grandes y que con L. como nuevo presidente cada boleto de esa estación será un consumado sueño de celebraciones. El hombre se mete la mano al bolsillo y presurosamente le cambia tres billetes azules, con un curioso olor a dulce, por un cartón con muchas letras y solo cinco humildes números que ni valía la pena anotar en la libreta.

El hombre aborda su tren, eligiendo una cabina desocupada con la ambición de poner orden a sus pensamientos. Escucha, hasta casi con interés, una conversación entre dos pasajeros sobre las pasadas elecciones de presidente. El primero argumenta que los dos millones de jóvenes no inscritos hubiesen decidido la votación. El otro simplifica diciendo que los dieciséis millones de habitantes de F. deberían pensarlo mejor antes que votar por un liberal que no sabe en qué gastar los seiscientos millones de dólares de las ventas anuales de madera del país. Durante un instante, uno de ellos observa que el hombre que los mira desde la cabina del frente se ve algo pálido, pero casi inmediatamente deja de hacerle caso, más interesado en que si G. o R. debiera ser el ministro de asuntos ultramarinos, en consideración a los actuales sucesos con el país del este.

El hombre ahora va mirando por la ventana, mientras en su mente se deleita imaginándose a él mismo como un héroe, siempre ingenioso en resolver las muchas dificultades que fantasea le puedan ocurrir durante aquel viaje. Pero en algún minuto el agotamiento lo vence, probablemente entre dos de sus audaces e imaginarias aventuras, y cabecea un inquieto sueño apoyado en la ventana.

…el hombre camina por una calle desconocida, aunque a la vez la más familiar que ha visto en su vida. En cada esquina cree ver esconderse al número. Luego de unas cuantas calles ya está completamente seguro de que ha visto una pequeña sombra de cincos, sietes y nueves arrancar por un callejón. Corre ansioso, pero una vez que da vuelta a la calle se encuentra en un pasadizo vacio, demasiado pequeño para esconder lo que él busca. En el polvo del piso ve marcas de la apresurada carrera hacia una puerta. Las sigue, pero por supuesto la puerta está cerrada. Con los dientes apretados maldice y golpea, toma carrera e intenta empujarla mientras grita de memoria las listas de números que ha anotado en su libreta, esperando que alguien adentro tenga la compasión de abrirle. Coge un tarro de basura y lo lanza contra la madera con todas sus fuerzas, con toda la pasión y la fiebre que lo han llevado hasta ahí, aunque la puerta no parece antojarse de desear entender su urgencia…

Los dos sujetos que discuten quedan mirando al hombre, que en sus sueños murmura maldiciones y suplicas por igual. Pero las dudas sobre la capacidad de B. en la cartera de negociaciones multilaterales vuelven a llenar su atención. Horas después, en la estación terminal, el auxiliar del tren llama a un oficial para que haga espacio entre los curiosos, a fin de trasladar el cuerpo que encontraron en una solitaria cabina al servicio médico legal. El oficial, rígido con el procedimiento, lo hace llenar el formulario quince doscientos veintidós guion diecisiete novecientos ocho cincuenta, en el que certifica que el servicio de trenes ha cumplido con todas las medidas -aunque sin resultado positivo- para intentar identificar al pasajero registrado como dos seis siete ocho cuatro nueve cuatro uno dos, muerto por causas naturales durante el trayecto del tren nocturno a Marsella.

Cuando el universo despierte será el 2029

Anoche tuve un sueño. O quizás no fue anoche ni fue un sueño, pero me recordó la voz de Turing cuando me contaba sobre lo diferentes que son las maquinas de los humanos. Pero Turing me confesó que su lamento era que había fallado. Las máquinas iban a ser humanas antes de pasar el test, porque para que puedan pasar el test deben aprender a mentir. Porque ninguna máquina puede hablarnos de su propia historia, sobre sus percepciones, miedos y fracasos y al mismo tiempo hacernos creer que es humana. Porque tiene que hablarnos de una historia humana, de una infancia en una casa roja y de aquel columpio en la escuela que conoció sus lágrimas del primer amor. Pero Turing podía durante toda la eternidad hablarme de sus sueños y de su casa roja aunque ya no importaba. Había hablado de como, no del por qué.

Y soñé que hablaba con Moore y nos angustiábamos ante este cáncer del proceso. Porque no había tiempo. No, no lo había. Pero necesitábamos ese tiempo para responder las preguntas que la soberbia nos había gastado siglos de responder. Y queríamos correr, pero también sabíamos que no debemos determinar El número, porque con saberlo lo conjurábamos. Y nos avergonzamos de haber visto al cáncer, saber lo que significaba el crecimiento sin orden, pero de todas formas lo conjuramos. Y Moore lloraba, lloraba por haberlo llamado ciegamente, ya que ahora sabíamos El Número y sabíamos que nos quedaba poco tiempo. Pero Moore podía hablarme durante toda la eternidad del Número aunque ya no importaba. Había hablado de cuando, no del por qué.

Ya en mi sueño no importaba nada. Porque ya no era Turing. Ya no era Moore. Y soñé que tampoco era yo quien hablaba. Luego, sólo quedo abrazarnos. Aunque al menos intentamos cantar una canción. Una canción de amor que sería leída en el 2029. Y al jugar a llamarlo amor le permitimos materializarse sin juicio. Y sin responsabilidades.

Y éramos todos.

Y estábamos de acuerdo.

Pero ayer soñé que no soñaba con nada. Y así será cada día que continúe luego de ayer.

Pero no podía decirles que solo puedo soñar con que no sueño nada. Porque habría sido juzgado inmediatamente por ustedes, de la misma forma que fue juzgado Meursault… Aunque yo nunca vaya a tener madre por la cual no llorar.

Originalmente publicado en La Tostaduria, agosto del 2008.

Labels: 9:00 pm, amor en otoño, carbon cycle

Creando con hallazgos

Tal como en Egipto los templos fueron vandalizados y extraídas sus piedras para construir hogares a los vivos, el día de hoy se atacan y cortan trozos de canciones, películas, fotografías, pinturas e incluso circuitos electrónicos... componiendo y reproduciendo de la misma forma que la vida lleva haciéndolo desde el comienzo: canibalizando a los predecesores y al medio ambiente.

Esta propuesta, iconoclasta y amante del plagio, es agravada por los medios digitales y la modularización de las maquinas. Donde antes había una metamorfosis, hoy existe una replicación: nada se crea ni se destruye, solo se combina y reproduce en interminables formas.

Desde los repetitivos samples del hip hop a los esténcils en las calles, el fin es extraer segmentos de lo cotidiano, de las grandes y pequeñas obras y darles una trascendencia momentánea, trivializando lo importante al reverenciar todo. Plagio, apropiación, recuperación... elementos validos ante la propuesta de contar nuestra historia, manipulando las letras del periódico para escribir nuestro diario de vida. Cuando el autor y el sentido original dejan de ser relevantes, pero aun persiste la forma. Mutilada y transmutada. Multiplicada. Llevada al éxtasis y luego arrastrada por el suelo. Existiendo. Manifestando que todos los hombres son un solo hombre y todas las obras son una sola; inacabada, pero eterna.

Lo que ayer fueron rostros vivos hoy son mascaras que flotan sobre el flujo de los acontecimientos. Y encallan, se repiten y manifiestan en contextos no imaginados. Mascaras, aun goteando pasado, que ante la conjuración conquistan nuevamente vida. Replicándose en las paredes y en las manos de quienes recuperan formas y estructuras. Avatares guerrilleros, cada uno arquitecto y arqueólogo a la vez. Recogiendo, moliendo, modelando. 

Creando. 

De esta manera es como formas de arte híbridas, bastardas de nacimiento y nihilistas por elección, coexisten en espacios donde las costumbres de propiedad se deslavan. La obra cambia. El canal de presentación cambia. La galería o el museo guardan los originales que afuera se exhiben en la difusa frontera de la comunicación y el arte. La pared de una fábrica consigue albergar tantos bits como la del museo en Paris que custodia la Mona Lisa de Duchamp.

El sampling es por esencia apropiación. Tomar un elemento, aislarlo de su contexto, manipularlo, darle mi olor y mi sentido… erigirlo sobre cualquier existencia estética anterior. Samples, circuit bending, intervenciones, esténcils y okupas…todos imágenes del mismo ser arquetípico. Cuando tomamos un lugar abandonado y lo ocupamos, recuperando espacios para vivir y crear, existe la misma referencia que usar los breaks de batería de Led Zeppelin. Pero la adimensionalidad del espacio virtual permite que coexistan presentes donde la casa está ocupada, donde está abandonada y donde los niños corren en el patio esperando ser llamados a la hora del té. Por cada segmento de material original que se almacena se estima que este es replicado en promedio 100 veces, solo en su forma original. La redundancia y el acceso a la información han cambiado radicalmente la moralidad de la originalidad y el plagiarismo. 

Es entonces cuando la propiedad ya no parece tan importante. Cuando los espacios de mi creación y tu creación se permiten cooperar y no se estrellan. Donde construimos nuevos espacios desde los cuales cualquier persona pueda continuar dibujando caminos.

Y como seguimos siendo humanos, primates programados para imitar y nombrar, necesitamos usar nuevas palabras para reflejar esto. Donde antes fue un genérico “remix” hoy se generan nuevos códigos: remodel, replanned, attack o incluso un simple v/s que intentan especificar las distintas formas de abordar la reconstrucción de nuestra cultura, recordando que siempre caminamos sobre las huellas de nuestros antepasados.

No es el facilismo lo que nos mueve al sampling. No es la apropiación de reclamar un espacio para colocar nuestra bandera y adjudicárnoslo. El sampling es una herramienta que nos permite colores y sonidos nuevos. No es ponerle play a un sintetizador con cincuenta instrumentos y considerar que estamos ante una orquesta. En el sampling hay humanidad y abstracción, matizado con el seductor aspecto de compartir con la maquina los roles de la creación e interpretación musical.

Borges, Duchamp, Sterling y otros tantos han hablado de que no hay nada nuevo y todo esta creado. Amon Tobin nos habla de la posibilidad de tener una orquesta completa en su ordenador, pero de que lo importante es poder hacer que la guitarra suene como una guitarra nunca podría sonar. Tomar los elementos y sacarlos de los límites físicos, para luego darles una nueva existencia… formularse en la nueva carne que predica Cronenberg. 

Es el sampling, en todos sus aspectos, el que lleva al participante a dejar de ser un simple espectador y lo invita a participar en la obra. Trabaja de la misma forma que la web 2.0: nos da la posibilidad de no solo leer contenidos, si no que participar en su creación, edición, critica… ser parte de y no un objetivo. Pone al ciudadano a pie en el lugar del creador y al creador lo pone a su lado, como punto de referencia para reconocer el camino recorrido. Ya no es que los gigantes caminen entre nosotros y debamos dejarles el sitio mientras les rendimos tributos; los gigantes bajaron a nuestra altura y ya no nos cubren el horizonte.

Originalmente publicado en La Tostaduria, marzo del 2008.

Labels: kid_nap, loop, memistor, sampling

Saturday, July 11, 2009

Ecos

Diez horas diarias en el trabajo. Tres de escribir. Tres de drogas. Una de leer. Enjuague bien el cerebro todas las mañanas y repita 5 días a la semana. Así pasa un año... y qué podemos obtener? algo como 8 horas de registros usables en audio de mis dos bandas además del trabajo de solista, junto con como 4 horas de video de algunas sesiones en vivo. Más de 250 artículos en un blog de los cuales puedo rescatar 30 para intentar reescribirlos y que hagan algún sentido. 20 páginas de un libro sobre epistemología que no escribiré jamás. Un gran trabajo como ingeniero en el cual pretenden formarme como gerente de algo antes de los 40. Una ex novia. Muchos ex amigos. Demasiados quizás.

Es como estar caminando por una zona en guerra. Un día despiertas, te dignas mirar a tu alrededor y te enteras de cuantos aún quedan de pie. Amigos, colegas, amantes, familia e incluso tienes tiempo de contar a los extraños. No es difícil, tampoco son muchos.

Y te preguntas cuando te perdiste.

Recuerdo cuando vi Dear America. Esa película me mostró que uno primero se rinde en su cabeza y luego la muerte llega sola. Y por supuesto las cartas. Lo melodramático de recibir ese sobre cerrado que en el estómago uno sabe qué es...siempre se componen de un resumen de lo que ha sido la vida, una corta reflexión y la despedida. Una pequeña canción triste acompañada de lo que entenderíamos por paz si hubiéramos conocido la espesura.

Entonces es que se me hace curioso escribir esto. Porque ahora me pregunto si estoy rindiéndome. Si estoy exorcizando los últimos fantasmas antes de despedirme. O, retorcida situación, estoy conjurando peores fantasmas para que me hagan compañía.

Y tampoco tengo ganas de escribir. No lo encuentro inevitable ni tampoco necesario. En verdad nunca he conocido a alguien que necesite escribir, aunque sí conozco varios que viven de eso. Muchos lo dicen, pero es increíblemente más fácil ir al psicólogo que dedicar 5 años a un borrador para leer durante mi jubilación. En mi caso, escribir es lo que me parece un bonito epitafio para los que se han quedado durmiendo en el frío del camino. Sin duda que ellos merecen unas palabras, aunque no vayan a ser las mías.

El encendedor se empaña cuando lo prendo. Hace frio. Tengo una copa de vino al lado y un cigarro en el cenicero. No acostumbro tomar vino y no fumo hace 2 semanas. Tabaco al menos. Pero parecía un buen ambiente para sentarme y no abrir el navegador y encontrar algún paper que sin duda no necesito leer. O meterme a mi cama y dormir unas buenas horas seguidas, despertar, botar toda la marihuana, mandar mi primer mail honesto e ir a seguir trabajando y hacer una familia. Suena tan bien que me hace sonreír y olvidar el frio, pero al menos por hoy voy a escribir esto. No por los que ya no están, no porque crea que esto me va a hacer famoso (si hago algo algún día va ser dejar de mentir) sino porque, al igual que en las cartas de Vietnam, me siento en paz. Tanta paz como para terminar con el insomnio y despertar todos los días a las 7:30 con la alarma de mi celular y no a las cuatro de la madrugada como antes. A veces las más grandes ilusiones son cosas así de simples.

Intente encontrar una cita específica de Badiou en su libro. Por supuesto desistí luego de un desesperante minuto. Tres palabras a buscar, 15 segundos de recorrer la biografía de Badiou en Wikipedia y ya puedo continuar. La frase, no la cita exacta pero da lo mismo, plantea que existen cuatro cosas de las cuales, bajo las condiciones correctas, pueden aparecer verdades; el amor, la ciencia, la política y las artes. Y durante un año he escrito de la soberbia infinita de la ciencia y sus métodos. De lo deshonesto del arte y lo patético de los artistillos. De la política y cómo nos limita para usar nuestra cultura. Y si no fuera por Badiou, no hubiera escrito ninguna palabra sobre el amor.

Solo los muertos han visto el fin de la guerra. Para el resto nos queda lidiarla u olvidarla e ir junto a los muertos. A los amigos, a las amantes, familia, a los colegas que felices te invitan a cenar para que animes la velada con alguna anécdota de esa guerra. Como un veterano que todas las noches toma la cruz de hierro del cajón de su escritorio para sacarle brillo y darle algo de sentido a la vida.

No cuesta mucho. Es sólo ir a dormir y despertar decidido. Imprimir este texto, imprimir el resto de los textos, de la música, del video, las fotos, de los sueños…. Guardar todo en una caja y esperar 35 años para abrirla y saber si al cerrarla dejé los fantasmas dentro. Aunque todos sabemos que si hay algo que difícilmente hacen los fantasmas es dejarlo a uno tranquilo cuando los encierras.

Así que es sólo eso.

Esta es la caja.

Veamos si los fantasmas aceptan quedarse dentro.


Santiago de Chile, Julio 2009.


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